Nutrición

El rábano y sus sorprendentes propiedades

El rábano es una de las hortalizas más cultivadas en nuestros jardines y es muy apreciado por su textura crujiente y su sabor ligeramente picante. Es una excelente tradición para la salud, ya que esta deliciosa verdura contiene varias moléculas con propiedades anticancerígenas.

Aunque solemos asociar las verduras crucíferas con las distintas coles (brócoli, coliflor, col rizada o coles de Bruselas), varias especies de plantas que a primera vista parecen muy diferentes entre sí también forman parte de esta familia botánica. Los nabos, los rábanos, los berros e incluso la mostaza y la canola son verduras crucíferas.

Varios estudios han demostrado que las verduras crucíferas son realmente clase aparte en lo que respecta a la prevención del cáncer. Este efecto preventivo se debe en gran medida a su alto contenido en glucosinolatos, una clase de moléculas que se encuentran exclusivamente en las crucíferas. Cuando las células de la verdura crucífera se rompen al masticarlas o molerlas, estos glucosinolatos se transforman en isotiocianatos, compuestos altamente reactivos que actúan sobre varios procesos implicados en el crecimiento de las células cancerosas.

Esta actividad anticancerígena queda bien ilustrada por los resultados de los estudios que indican que las personas que consumen regularmente verduras crucíferas tienen un menor riesgo de padecer varios tipos de cáncer, especialmente de vejiga, próstata y pulmón. Nunca se repetirá lo suficiente: para prevenir el cáncer, no sólo es necesario aumentar la cantidad total de verduras consumidas, sino también favorecer las verduras ricas en moléculas anticancerígenas, en particular las crucíferas.

Rábano: cuanto más pique, mucho mejor

Cada planta crucífera tiene glucosinolatos distintos (y, por tanto, isotiocianatos) y estas diferencias pueden detectarse fácilmente por el olor y el sabor de la verdura: por ejemplo, el glucosinolato llamado signigrina de las coles de Bruselas libera isotiocianato de alilo, una molécula amarga que es responsable del sabor tan característico de la verdura. A algunos les encanta, pero otros lo odian. Esta diferencia de sabor se debe no sólo a aspectos culturales, sino también a diferencias interindividuales en la sensibilidad de los receptores amargos situados en la lengua.

En el caso del rábano, esta hortaliza contiene grandes cantidades de glucorafasatina, un glucosinolato que se convierte en isotiocianato de 4-metiltio-3-butenilo (MTBITC), la molécula responsable de su característico sabor picante. Aunque este isotiocianato es menos conocido que los derivados de la col, los estudios realizados hasta la fecha sugieren que esta molécula también puede desempeñar un papel importante en la prevención del cáncer.

Los rábanos son populares en Asia

Por ejemplo, investigadores de la India han demostrado recientemente que los extractos de rábano japonés (daikon) tienen la propiedad de bloquear la proliferación de células de varios tipos de tumores distintos, estando este efecto inhibidor asociado principalmente a la presencia del isotiocianato MTBITC en estos extractos.

Dado que el daikon es una de las verduras más consumidas en Asia (hasta 55 g por persona por día en Japón), estos resultados sugieren que la ubicuidad de esta verdura en la dieta puede contribuir a la menor incidencia de cáncer observada en esta región del mundo.

Rábanos en todo tipo de platos

Como ocurre con todos los alimentos anticancerígenos, el consumo regular de verduras crucíferas es esencial para maximizar la protección contra el cáncer. El rábano es un buen ejemplo de cómo se puede conseguir, incluso para los menos aficionados a la col: ya sea al natural, rallado o incluso ligeramente cocido, el refrescante sabor del rábano es un gran acompañamiento para todo, desde una simple ensalada hasta una hamburguesa. Y no olvidemos los brotes jóvenes de rábano, que pueden hacer maravillas para realzar el sabor de los platos.

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