El calor y la contaminación contra la salud del corazón

Con el calor que se avecina, los picos de contaminación atmosférica también aumentarán en frecuencia y potencia con efectos reales en la salud; especialmente en la salud cardiovascular. Esto es causado por finas partículas contaminantes que logran cruzar la barrera pulmonar y llegar al torrente sanguíneo.

La salud cardiovascular es el resultado de una compleja interacción entre una predisposición hereditaria y el estilo de vida y el entorno que la modulan. Dos nuevos estudios confirman que la presencia de contaminantes en el aire que respiramos se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas.

Una consecuencia desafortunada de los progresos realizados por las sociedades industrializadas es el gran deterioro del ambiente; el cual ha acompañado a las mejoras en el nivel de vida de las personas. Si bien tenemos la suerte de disfrutar de una comodidad y calidad de vida sin precedentes, la contaminación del aire, el calentamiento global y la contaminación del suelo por varios compuestos químicos tóxicos subrayan el grado en que este progreso se ha logrado a menudo a expensas de la integridad del mundo que nos rodea.

Huelga decir que es probable que esta situación plantee graves problemas para la salud de la población. En especial para las personas que viven en zonas densamente pobladas que a veces están expuestas a cantidades anormales de contaminantes en el aire que respiran.

Aumento del calor y la contaminación, aumento de las enfermedades cardíacas

Varios estudios han sugerido un fuerte vínculo entre la calidad del aire y el riesgo de enfermedades cardíacas. Por ejemplo, la industrialización de países como la India y China está correlacionada con un aumento espectacular de la incidencia de las enfermedades cardíacas, asociación que es consecuencia, al menos en parte, del mayor uso de combustibles fósiles contaminantes.

En efecto, el petróleo y sus derivados utilizados por la industria y el tráfico automovilístico producen partículas muy finas que se queman en el suelo y llegan a los pulmones y al torrente sanguíneo. La presencia de estas nanopartículas en la sangre puede entonces alterar la integridad de todo el cuerpo, en particular de órganos como los pulmones y el corazón, que están en estrecho contacto con estos contaminantes.

Según un estudio reciente, esta exposición al aire contaminado es especialmente perjudicial para las personas que han sufrido un infarto de miocardio o una angina de pecho: un análisis de las historias clínicas de 154 204 pacientes británicos hospitalizados tras un accidente o un infarto de miocardio demostró que la tasa de mortalidad aumentaba un 20% por cada 10 microgramos por metro cúbico de partículas finas en el aire.

El ozono, un gas pro-inflamatorio de alto riesgo

El efecto nocivo de la contaminación atmosférica es particularmente pronunciado en verano; La radiación solar y el calor hacen que el dióxido de nitrógeno, monóxido de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles se conviertan en ozono. Estos elementos son algunos de los contaminantes del aire.

Este inestable derivado del oxígeno es uno de los contaminantes atmosféricos más peligrosos para la salud; ataca los tubos bronquiales y está directamente asociado con el aumento del número y la gravedad de los ataques de asma.

Más recientemente, un estudio demostró que los altos niveles de ozono, observados a veces en ciudades muy contaminadas (Beijing, México D.F.), indujeron un marcado aumento de varias moléculas inflamatorias. Así como de la actividad del sistema de coagulación que interviene en la formación de coágulos sanguíneos.

Por consiguiente, en las personas de riesgo, como los ancianos o los diabéticos o los que tienen antecedentes de enfermedades cardíacas, estos cambios pueden aumentar considerablemente el riesgo de ruptura de las placas ateromatosas; por consiguiente, la formación de coágulos que obstruyan el flujo de sangre al corazón o al cerebro aumentaría

Tú también puedes hacer algo al respecto

Afortunadamente, la sociedad es cada vez más consciente de los daños asociados a los contaminantes atmosféricos; en varias regiones del mundo se han aplicado normas para controlar el ozono y las partículas finas.

Queda mucho trabajo por hacer, aunque individualmente se puede contribuir a reducir la contaminación atmosférica; evitando la producción innecesaria de contaminantes (apagando el motor del automóvil cuando está parado). También es posible adoptando un modo de transporte más respetuoso con el medio ambiente (transporte público, ciclismo, caminatas). Y es que, si reduce la contaminación, es posible entonces que se reduzcan las olas de calor.

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Fuentes:

Tonne C et Wilkinson P. Longterm exposure to air pollution is associated with survival following acute coronary syndrome. Eur. Heart J. 34: 1306-11

Devlin RB et coll. Controlled exposure of heal- thy young volunteers to ozone causes cardiovascular effects. Circulation; 126: 104-11.