Cleptomanía: desentrañando la psicología detrás del impulso incontrolable de robar

Escrito por Lorena Molina Perez

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La cleptomanía es un trastorno del control de impulsos que se caracteriza por el deseo irresistible de sustraer objetos ajenos, generalmente de poco valor. Este comportamiento, a menudo mal interpretado como simple delincuencia o falta de moral, es un problema psicológico serio que puede devastar la vida de quien lo padece. La persona afectada por la cleptomanía siente una tensión emocional intensa antes de cometer el acto, seguida de alivio y, en ocasiones, de remordimiento o vergüenza tras el mismo. Es crucial diferenciar entre un ladrón común y una persona con cleptomanía, pues las motivaciones y las consecuencias psicológicas son distintas.

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El término ‘cleptomanía’ proviene de las palabras griegas «kleptein» (robar) y «mania» (locura, obsesión), y fue utilizado por primera vez en el siglo XIX. A pesar de su reconocida historia, la cleptomanía sigue siendo un trastorno enigmático, a menudo oculto por el estigma y la incomprensión. El tratamiento y el apoyo son fundamentales para superar este desafío, pero primero es necesario comprender sus síntomas, causas y tratamientos disponibles.

Síntomas y señales de la cleptomanía

La cleptomanía se manifiesta a través de varios síntomas que pueden ser difíciles de identificar, especialmente porque las personas que la sufren a menudo ocultan sus acciones. El síntoma más evidente es la sustracción repetida de objetos sin la intención de uso personal o financiero. Sin embargo, hay otros indicadores que pueden sugerir la presencia de este trastorno, como una sensación abrumadora de tensión antes de cometer el robo, seguida de placer, gratificación o alivio una vez que se lleva a cabo el acto.

Otro signo distintivo es el sentimiento de culpa o vergüenza después de robar, lo que puede llevar a la persona a devolver los objetos sustraídos de manera secreta. A pesar de estos sentimientos, el impulso de robar puede ser tan poderoso que la persona no puede resistirse, incluso siendo consciente de las consecuencias negativas. Los objetos robados a menudo se acumulan, se regalan o se descartan, ya que el valor del objeto es generalmente irrelevante para el individuo.

Prevalencia y características demográficas de la cleptomanía

La cleptomanía afecta a una pequeña fracción de la población, con estudios que muestran una prevalencia que varía entre el 0.3% y el 0.6%. Aunque este trastorno puede ocurrir en personas de cualquier edad, generalmente comienza en la adolescencia o al principio de la vida adulta. Las estadísticas indican que la cleptomanía puede ser más común en mujeres que en hombres, pero la investigación no es concluyente, y puede ser que las mujeres busquen ayuda más frecuentemente, lo que sesga los datos disponibles.

Foto: Freepik

En cuanto a las características demográficas, no se limita a un grupo socioeconómico específico y puede afectar a personas de diversos orígenes y niveles de ingresos. Sin embargo, debido a la naturaleza oculta del trastorno y la vergüenza asociada, es difícil obtener cifras exactas sobre su prevalencia. Además, la cleptomanía a menudo coexiste con otros trastornos psicológicos, como la ansiedad, la depresión y otros trastornos del control de impulsos, lo que complica aún más su identificación y tratamiento.

Causas y factores de riesgo de la cleptomanía

La etiología de la cleptomanía sigue siendo objeto de estudio, pero se cree que una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales contribuyen a su desarrollo. Entre las causas biológicas, se ha sugerido que las anomalías en ciertos neurotransmisores, como la serotonina, podrían jugar un papel en la regulación de los impulsos y las emociones. Además, la genética podría tener un rol, como se ha visto en estudios que indican una mayor incidencia del trastorno en familias con historial de cleptomanía u otros trastornos mentales.

Los factores psicológicos también son significativos, ya que personas con cleptomanía a menudo experimentan una historia de emociones negativas o traumas. Esto puede incluir una infancia difícil, experiencias de abuso o negligencia, o la presencia de otros trastornos como la depresión y la ansiedad. Estas experiencias pueden llevar a una búsqueda de alivio a través de actos impulsivos como el robo.

En cuanto a los factores sociales, el estigma y la incomprensión pueden hacer que quienes padecen de cleptomanía teman buscar ayuda, lo que perpetúa el ciclo del trastorno. Además, el estrés ambiental y los desencadenantes emocionales, como las relaciones tensas o los problemas laborales, pueden aumentar el riesgo de actuar impulsivamente. Entender estos factores de riesgo es crucial para la prevención y el manejo efectivo de la cleptomanía.

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La psicología detrás de la cleptomanía

La mente de una persona con cleptomanía es un complejo entramado de emociones y comportamientos impulsivos. Psicológicamente, el acto de robar puede funcionar como una forma de manejar o escapar de sentimientos dolorosos o estresantes. La tensión creciente que precede al robo y la subsiguiente liberación de emociones pueden ser similares a las experiencias de quienes sufren de adicciones, donde el comportamiento compulsivo sirve como una válvula de escape temporal para el malestar psicológico.

La cleptomanía también puede estar relacionada con problemas de autoestima y control. Algunas personas pueden sentir que robar les otorga un sentido de poder o control sobre su entorno, especialmente si se sienten impotentes o desvalorizados en otros aspectos de su vida. Además, el comportamiento repetitivo de robar puede crear un ciclo adictivo, donde la persona se vuelve dependiente de la sensación de euforia o alivio que experimenta durante el acto.

Además, es importante considerar el papel de la gratificación diferida y la impulsividad en la cleptomanía. La incapacidad para resistir la tentación inmediata a favor de recompensas a largo plazo puede ser un factor clave en la psicología del trastorno. Al desentrañar estos complejos factores psicológicos, los profesionales y las personas afectadas pueden comenzar a entender mejor la cleptomanía y a desarrollar estrategias efectivas para manejarla.

Diagnóstico y opciones de tratamiento para la cleptomanía

El diagnóstico de la cleptomanía requiere una evaluación minuciosa por parte de un profesional de la salud mental. La identificación del trastorno se basa en la historia clínica del individuo, su comportamiento y los síntomas reportados. Es fundamental diferenciar la cleptomanía de otros trastornos del control de impulsos y de comportamientos delictivos no relacionados con este trastorno psicológico.

Una vez diagnosticada, existen varias opciones de tratamiento para la cleptomanía. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las más efectivas, ya que ayuda al individuo a identificar y cambiar los patrones de pensamiento y comportamiento que conducen al robo compulsivo. La TCC puede incluir técnicas como la exposición con prevención de respuesta y el entrenamiento en habilidades de afrontamiento para reducir la frecuencia de los episodios de robo.

Los medicamentos también pueden ser útiles en el tratamiento de la cleptomanía, especialmente si el trastorno coexiste con otros problemas de salud mental como la depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son comúnmente prescritos para ayudar a regular los neurotransmisores implicados en el control de impulsos. Además, algunos estudios sugieren que los estabilizadores del ánimo y los anticonvulsivos pueden ser beneficiosos en algunos casos.

Estrategias de afrontamiento para individuos con cleptomanía

Desarrollar estrategias de afrontamiento es esencial para las personas con cleptomanía, ya que les proporciona herramientas para manejar los impulsos de robar y para enfrentar las situaciones que desencadenan estos comportamientos. Una estrategia efectiva es el auto-monitoreo, que implica llevar un registro de los momentos en que surge el impulso de robar y las circunstancias que lo rodean. Esto puede ayudar a identificar patrones y factores desencadenantes que pueden evitarse o manejarse de manera diferente.

Otra técnica útil es la distracción o la sustitución de comportamientos. Cuando se presenta el impulso de robar, la persona puede intentar enfocarse en una actividad alternativa o en un comportamiento que sea incompatible con el robo, como llamar a un amigo o realizar una tarea que requiera ambas manos. Además, algunas personas pueden beneficiarse del uso de técnicas de relajación, como la meditación o la respiración profunda, para reducir la ansiedad y la tensión que a menudo acompañan a los impulsos de robar.

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La construcción de una red de apoyo sólida también es crucial. Amigos y familiares informados sobre la cleptomanía pueden proporcionar comprensión y apoyo emocional, lo que puede ser un recurso valioso durante los momentos difíciles. Además, el establecimiento de metas realistas y el reconocimiento de los logros en el manejo de los impulsos pueden fomentar la motivación y la autoestima en la lucha contra la cleptomanía.

El impacto de la cleptomanía en las relaciones y la sociedad

La cleptomanía no solo afecta a la persona que la sufre, sino que también tiene un impacto significativo en sus relaciones personales y en la sociedad en general. La desconfianza y el daño que pueden resultar de los actos de robo pueden perjudicar las relaciones con familiares, amigos y colegas. Estas tensiones pueden llevar a un aislamiento social, lo que a su vez puede exacerbar los síntomas de la cleptomanía y otros trastornos asociados.

En el ámbito social, la cleptomanía puede tener consecuencias legales y financieras, tanto para el individuo como para las comunidades afectadas. Los costos asociados con la seguridad, los procesos legales y la pérdida de bienes pueden sumar una carga económica considerable. Además, el trastorno puede contribuir a la estigmatización de las personas con problemas de salud mental, reforzando los mitos y los malentendidos que rodean a la cleptomanía.

Para mitigar estos impactos negativos, es esencial fomentar un ambiente de apoyo y comprensión. Las políticas de salud mental y los programas de prevención deben abordar las necesidades de las personas con cleptomanía, y debe haber un esfuerzo colectivo para educar al público sobre la naturaleza del trastorno.

La cleptomanía es un trastorno complejo que requiere un enfoque comprensivo y multifacético en su tratamiento y manejo. A través de la educación, el apoyo y la investigación continua, es posible mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por este trastorno y mitigar su impacto en la sociedad. La clave está en la empatía, el conocimiento y la voluntad de abordar la cleptomanía no como un acto delictivo, sino como una condición de salud mental que merece atención y comprensión. Con los recursos y estrategias adecuados, las personas con cleptomanía pueden aprender a controlar sus impulsos y llevar una vida plena y gratificante.

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