ALIVIE SUS DOLORES ARTICULARES: APRENDA A CAMINAR

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Yohan Diniz - Marche athletique - 24.05.2007 - Athle Athletisme - Magazine Studio - largeur attitude pose portrait entrainement

Yohan Diniz – Marcha atlética – 24.05.2007 – Athle Athletisme – Magazine Studio

 

Para celebrar el lanzamiento de su libro “La marcha que cura”, de Payot, Jacques-Alain Lachant, osteópata, revela el funcionamiento interno de nuestras formas de “caminar mal ” que generan dolores y degeneraciones en las articulaciones. Resultado de treinta años de experiencia como terapeuta, este libro explica cómo desarrollar fácilmente una “marcha portante” que aliviará las articulaciones, eliminará los dolores articulares y reducirá el riesgo de caídas en los ancianos. Una nueva forma de “portarse” en la vida.

¿Cómo se ha dado cuenta que caminar podía ser una fuente de enfermedades de las articulaciones y de trastornos posturales?

El hallazgo de que muchas enfermedades de las articulaciones y osteomusculares provienen de una forma de caminar no portante viene sencillamente de treinta años de observación en mi consulta de osteopatía. Uno puede fácilmente enumerar las patologías relacionadas con una forma de caminar patógena: las dorsalgias o lumbalgias crónicas, las cervicalgias crónicas, los dolores de hombro crónicos, la osteoartritis de cadera, los artrosis femorotibiales y rotulianos, muchas enfermedades por inestabilidades del tobillo y pie, a veces en relación con la existencia de un tendón de Aquiles “corto”, algunos esguinces recurrentes, las caídas repetidas, con o sin trauma, las insuficiencias venosas profundas del complejo pie-tobillo complejo y del conjunto de los miembros inferiores. También se encuentran con frecuencia trastornos psicosomáticos relacionados con la marcha. De hecho, nuestra forma de caminar traduce literalmente nuestra capacidad de avanzar en la vida, a encontrar el ritmo y el impulso para trazar nuestro camino. Hay que darse cuenta de que no se aprende a caminar. Se supone que la motricidad es una pura actividad innata que no necesita aprendizaje. Pues no es así.
¿Quiere decir que nos acostumbramos a caminar mal desde la infancia?
Sí, efectivamente, y desde el principio. La motricidad, si se fija en los niños de unos 6-7 años, es en realidad un proceso que comienza en el útero. Los movimientos voluntarios o no de los miembros del feto a partir del quinto mes marcan el comienzo de la conciencia de que tenemos miembros. Desde la primera infancia, se pueden inducir involuntariamente malas posturas, actitudes y hábitos a un niño pequeño. Al llevarle mal, al llevarle bajo y el brazo y no por la base que sería la manera correcta de hacerlo, al mirarle de demasiado cerca o demasiado. Menciono la mirada porque se trata de un punto importante para una buena forma de caminar. Si se mira demasiado al niño, o demasiado de cerca cuando se le dirige la palabra, se inducirá esta actitud en su comportamiento, incitándole a reducir su campo de visión y centrar su mirada en un punto único de su entorno. La reducción del campo de visión es un defecto que se encuentra en algunos individuos de edad avanzada que sufren caídas muy frecuentes. Al enseñarles de nuevo a tener más puntos de contacto en su campo visual cuando caminan, se reduce la frecuencia de las caídas. En las guarderías y escuelas, se diferencian con rapidez los niños que tienen una motricidad satisfactoria y desarrollada y los niños con una motricidad inhibida, un tono reducido, una verticalidad que falla y una rigidez de los miembros superiores, con los brazos pegados al cuerpo o defectos posturales. Los malos hábitos posturales y motores se crean muchas veces imitando la postura de los padres.

¿Cuáles son los puntos principales que caracterizan una forma de caminar patógena?

Caminar es un acto inconsciente y automático que siempre repite la misma mecánica. Por ejemplo, si se inicia desde la parte equivocada del cuerpo, el impulso motriz se convierte en patógeno y uno comienza a desarrollar osteoartritis de la cadera, de la rodilla, a notar una compresión del tarso posterior, cervicalgias e incluso problemas respiratorios. Si la forma de caminar no es portante, no lleva el cuerpo sino que acentúa las presiones y compresiones articulares y musculares que imponemos a nuestro cuerpo. Es como si siempre estuviéramos en condiciones de llevar una carga pesada. Demasiados músculos de los miembros inferiores, superiores y de la espalda se contraen continuamente de forma inconsciente. Este estado de tensión también dará lugar a una fatiga excesiva, una sensación de que cada esfuerzo resulta complicado y de que el cuerpo es pesado. Mi trabajo en la práctica e intuición traducida en mi libro es que basta con despertar la conciencia del porte para que el cuerpo comience a adoptar una forma de caminar saludable. En cuestión de días, he visto a pacientes redistribuir sus cuerpos, adoptar una ligereza que nunca les había visto y experimentar un alivio de los dolores osteomusculares que les incapacitaban en su vida diaria. Cada caso es diferente porque, de hecho, los trastornos de la marcha, de mantener el cuerpo y la aparición de trastornos osteomusculares y degeneraciones articulares vienen de la historia personal de cada persona. Pero aun así, encontré constantes en la mayoría de mis pacientes, por ejemplo, cuando la pelvis está detrás del tronco y el abdomen, cuando un brazo ya no se balancea y se queda “pegado” al cuerpo, cuando un taconazo sigue siendo excesivamente audible, cuando el tronco y los dos brazos permanecen inmóviles durante los desplazamientos, cuando el primer impulso tiene su origen en una rodilla, en la cadera o la pelvis, cuando se inicia en la región abdominal, si ese primer impulso viene del pecho o de un hombro, o incluso de la zona cervicocefálica y de los ojos. Cuando la pelvis no está mantenida ni sostenida por el tono base, esto acabará debilitando la zona lumbar. Del mismo modo, un mal apoyo sobre la planta del pie genera tensiones articulares por compensación. El cuerpo hace lo necesario para mantener el equilibrio a pesar de los desequilibrios relacionados con el mal soporte.

¿Puede explicarnos cómo desarrollar forma de caminar sana, portante?

 

Aprender a caminar se hace en 4 áreas principales. Estamos acostumbrados a caminar por “tracción” es decir que por lo general, iniciamos el movimiento en una rodilla, extendemos una pierna hacia adelante, apoyamos y estiramos la pierna trasera para que vaya hacia adelante y reproduzca este movimiento, y así sucesivamente. Lo ideal sería pasar de un modo de tracción a un modo de propulsión, es decir, que sea la pierna trasera que cause el movimiento de la pierna delantera. Me explico.

Es mejor iniciar el primer movimiento de caminar empujando en un pie para lanzar la pierna opuesta, y en lugar de estirar sobre la pierna delantera para traer la pierna trasera, seguir empujando con la pierna trasera y los dedos del pie para iniciar el movimiento de la pierna trasera hacia delante. Este tipo de propulsión alivia las articulaciones, permite que las piernas descansen y facilita el anclaje y el apoyo de los pies, lo cual tiene un impacto directo en la reducción del riesgo de caídas. Esta forma de caminar también induce una sensación de verticalización que ayuda a mantenerse recto sin tensión particular.
En segundo lugar, para poner en acción una forma de caminar saludable, es mejor solicitar el tono abdominal y pélvico. El tono base abdominal no está relacionado con la fuerza de la cintura abdominal. Ya interviene para sostenernos en una posición sentada con una vertical correcta, evitando que nos aguanten tan sólo la columna lumbar y el sacro, de forma pasiva. Solicitar y contratar este tono de base permite el cambio inmediato y preciso de la posición de pie, y globaliza el apoyo y la distribución de los apoyos en todo el arco plantar. La contratación conjunta del tono base abdominal y de la presencia de la punta del pie juego estimula el reflejo de la elevación de la mirada. Este proceso reflejo es fundamental en el trabajo de prevención de caídas.

En tercer lugar, al caminar, hay que solicitar el movimiento natural de péndulo del busto, moviendo las manos. Lanzando las manos, amplificaremos el trabajo de propulsión de las piernas y aliviaremos el esfuerzo de las piernas. Para que se hagan una idea, se acerca mucho a la manera de caminar de los excursionistas que utilizan palos. Mediante el uso de los palos, introducen el beneficio del movimiento de las manos en su marcha. El desarrollo de la presencia espacial de las dos manos es un proceso vital porque se refiere a la sensación de plenitud y ligereza. La conciencia de la presencia de las dos manos permite al sujeto percibir la totalidad del espacio y está asociada con la sensación de ligereza de una marcha portante.

Cuarto parámetro, el trabajo de la mirada. Me he dado cuenta, y no soy el único, que la mayoría de las personas mayores que se caen con frecuencia suelen fijarse en un punto único de su campo de visión al caminar. Al reducir nuestro campo de visión y al centrarnos en un solo punto, limitamos nuestra representación del espacio y no damos suficiente información al cuerpo acerca de su entorno: agujeros, baches, esquinas, objetos, personas, etc… Una mirada que tiene en cuenta los diversos puntos de su campo de visión, unos globos oculares móviles, aumentarán la flexibilidad de movimiento e permitirán identificar los obstáculos del entorno, creando una nueva capacidad de adaptarse a ellos, anticipándolos o evitándolos. Existe un “bucle tónico ojo-manos-pies” que garantiza la armonización del tono general del cuerpo al caminar.
¿Hay un beneficio, interno, psíquico, para desarrollar una forma de caminar saludable?

Una marcha portante es una forma de caminar durante la cual la persona se siente “sostenida” de los pies a la parte superior de la cabeza en un movimiento fluido, bailado, como un swing. Tradicionalmente, la ligereza sólo se percibe cuando la sensación de carga se ha ido, por lo se trata de un movimiento percibido como agradable. En este movimiento preciso, iniciado en el lugar correcto, las sensaciones percibidas cambian. En resumen, cuando se establece una marcha portante, se observa que la presencia de la persona cambia drásticamente hasta el punto de que su mirada se levanta y mira a lo lejos, por delante, la percepción del espacio que le rodea es evidente y los movimientos se perciben con mucha ligereza. Otro punto importante es que las reflexiones negativas y el exceso de mentalización parecen imposibles y el pensamiento se vuelve armonioso.

Existe todo un aspecto psicológico que no hay que pasar por alto cuando se recupera una marcha portante. Según mi experiencia de treinta años, mientras una persona no se porte, puede hacer veinte años de terapia y no cambiará nada. La importancia de estar en su cuerpo, en un movimiento armónico, con una sensación de anclaje y dinamismo, cambia profundamente la percepción que tenemos de nosotros mismos. El saber portar y portarse induce un efecto en las relaciones humanas. Porque al tener la sensación profunda de poder portarnos a nosotros mismos, ponemos fin a la sensación de inseguridad que nos estorba y nos limita en la vida. El miedo nos inhibe e induce mecanismos de compensación como comportamientos agresivos, violentos hacia sí mismo u otros. La sensación de seguridad debe tener sus raíces en el púlpito para poner fin a la sensación intelectual y psíquica de vagabundeo. La marcha portante ayuda uno a encontrar su lugar.

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