Nutrición

El aceite de palma: riesgos para la salud y para el medio ambiente

La mayoría de los aceites vegetales están compuestos de grasas poliinsaturadas, grasas que reducen significativamente el riesgo de enfermedades cardíacas. Pero cuidado: algunos aceites vegetales utilizados ampliamente por la industria alimentaria contienen grandes cantidades de grasas saturadas; como el aceite de palma y de palmiste, que pueden revertir estos beneficios, aumentar el colesterol y estimular todos los procesos inflamatorios del cuerpo.

Evidencia científica

Varios estudios han demostrado que la naturaleza de las grasas en la dieta tiene una gran influencia en la incidencia de las enfermedades cardíacas. Es el caso del consumo de grasas poliinsaturadas, que se encuentran principalmente en los aceites vegetales; las nueces, las semillas y los pescados grasos como el salmón, se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardíacas.

Por el contrario, un alto consumo de grasas saturadas (mantequilla y otros productos lácteos enteros) aumenta el riesgo de problemas cardíacos; debido a su alto nivel de colesterol en la sangre y a su acción proinflamatoria. Por estas razones, se recomienda utilizar aceites vegetales (como el aceite de oliva, por ejemplo) como principal fuente de grasa alimentaria y limitar al máximo el consumo de grasas saturadas.

Las grasas dan sabor y suavidad a los alimentos (propiedades organolépticas). Por eso son los ingredientes preferidos en muchos productos alimenticios industriales, especialmente en la industria de la comida chatarra. Sin embargo, uno de los problemas a los que se enfrenta la industria es la alta sensibilidad de las grasas a la oxidación. Las grasas poliinsaturadas buenas, por ejemplo, son particularmente sensibles a esta oxidación; lo que provoca una rancidez que reduce considerablemente la vida útil de los alimentos.

Para eludir esta limitación, los ácidos grasos poliinsaturados han sido hidrogenados por procesos industriales durante un largo período de tiempo. Esto los hace resistentes a la oxidación y capaces de mantenerse durante mucho tiempo.

Lamentablemente, ahora se sabe que esta reacción conduce a la formación de grasas «trans»; estas son muy perjudiciales y causan daño celular, aumentando en gran medida el riesgo de enfermedades cardíacas. Una de las preocupaciones de la industria es encontrar la manera de incorporar grasas que resistan la oxidación en los alimentos, y eviten la presencia de grasas trans.

Aceite de palma: 50% de grasa saturada

En este contexto, los aceites extraídos de la palma aceitera (Elaeis guineensis) se han convertido en ingredientes omnipresentes en los alimentos industriales. De esta planta se derivan dos aceites; el aceite de palma, que se extrae de la pulpa del fruto, y el aceite de almendra de palma, que se deriva de las semillas. El rendimiento de la extracción de estos aceites es muy alto y los hace muy baratos, una ventaja importante para la industria alimentaria.

La principal característica de estos dos aceites es su alto contenido en grasas saturadas: el aceite de palma contiene un 50% de grasas saturadas, mientras que esta proporción alcanza el 82% en el aceite de palmiste. ¡Eso es más que grasa de cerdo! Esta alta proporción de grasas saturadas las hace semisólidas a temperatura ambiente, una propiedad muy útil para mejorar la textura de galletas, pasteles y otros productos.

Pero lo más importante es que la alta cantidad de grasas saturadas hace que estas grasas sean mucho más resistentes a la oxidación y mejora enormemente la vida útil de los alimentos.

Prohibir los productos que contengan aceite de palma, para su salud, el medio ambiente y ciertas especies animales.

Si bien la eliminación de las grasas trans por parte de la industria es un paso positivo, su sustitución por aceites de palma y de nuez de palma no está exenta de efectos para la salud. Por un lado, como todas las fuentes de grasas saturadas, estos aceites elevan los niveles de colesterol en la sangre y no son recomendables para la salud cardiovascular.

Por otro lado, las grasas saturadas estimulan y mantienen el proceso de inflamación en el cuerpo, se dice que son pro-inflamatorias. Una inflamación permanente de bajo grado en el cuerpo promoverá todas las manifestaciones alérgicas, el dolor crónico de las articulaciones, la depresión, los trastornos del sueño, e incluso promoverá la aparición de enfermedades autoinmunes y cánceres.

Además, no se exige a los fabricantes que indiquen la presencia de aceite de palma en los productos, ya que éste suele figurar en la lista bajo el término «aceite vegetal». Por consiguiente, los consumidores pueden inclinarse a consumir esos productos en exceso y aumentar así su consumo de grasas saturadas, creyendo al mismo tiempo que las grasas que contienen son poliinsaturadas y, por lo tanto, buenas para su salud.

Impacto ambiental

Por último, es imposible ignorar el impacto devastador del cultivo intensivo de palma aceitera, en particular en Indonesia: cada año se destruyen casi dos millones de hectáreas de bosque tropical para este cultivo, una deforestación despiadada que tiene consecuencias ecológicas desastrosas para un medio ambiente ya frágil y amenaza con extinguir especies tan raras como el tigre y los orangutanes de Sumatra y Borneo.

Por lo tanto, independientemente de que contengan o no grasas trans, es preferible desconfiar de los productos alimenticios que contengan grasas que puedan almacenarse a temperatura ambiente durante varias semanas y a veces incluso más tiempo. Lo que es bueno para la salud financiera de la industria no es necesariamente bueno para la tuya.

 

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